Monday, January 20, 2014



  SEGUIRE COMIENDO PLATANOS CON SALAMI
Por
 José Alfonso Garcia

Hay hombres de piel morena y sueños fallidos que dicen amar esta ciudad con todo su corazón. Sin embargo; prefieren vivir inadvertidos en ciudades vecinas donde no los conocen ni los perros; y no se mudarían a vivir con su familia a su Lawrence del alma, ni que los maten. ¡Jesús ché!, ¿Yo vivir en Lawrence?  Apresuran su respuesta cuando algún desprevenido les hace la pregunta del millón.

Otros que también parecen amar a Lawrence profundamente son aquellos que gritan a los cuatro vientos: ¡Esta es mi ciudad! Pero, aun viven aquí porque parece que, por el momento, la realidad de su entorno económico sigue siendo más fuerte, que su sueño inalcanzable de marcharse para Andover.
Hay muchos, sin embargo,  que como usted, como aquel, o como yo, seguiremos enarbolando por siempre y con orgullo la bandera de nuestro origen latino en la bella ciudad de los Inmigrantes. Resistiremos con firmeza la mezquina tentación de negociar la estirpe de nuestras raíces hispanas y aprenderemos a insertarnos con éxitos en esta sociedad distinta si tener que renunciar a lo que algunos afirman son nuestras malas costumbres; a veces exageradas por la mera percepción, la ignorancia o intereses económicos. Podremos convertirnos en ciudadanos ejemplares y exitosos sin dejar de experimentar la agradable sensación de comernos nuestros plátanos con salami, hablar en tono muy alto, o celebrar con unos tragos sin motivos aparentes y al ritmo cadencioso de una bachata. Estos hábitos, visibles factores de nuestro diario vivir, aunque notables, no parecen ser razones suficientes para permitir que nos metan a todos en un mismo saco para considerarnos como vulgares ladrones, mentirosos, asaltantes, drogadictos, violadores, mafiosos, ilegales y corruptos.
Pues, como decía mi vieja, que Dios siempre guarde en gloria: “A mi, los fósforos” o “La calentura no está en las sábanas” Yo seguiré viviendo en Lawrence y comiéndome mi plátano. ¿Y tú?

 Para esos humildes y bondadosos ciudadanos que aman tanto esta ciudad; pero que al mismo tiempo la detestan, aunque con cierta ternura. A esos gavilanes del desierto; maestros en las artes de pescar en río revuelto sin mojarse los zapatos. A esos tiburones callejeros capaces de sumergirse en el fango sin estropearse su ropa; a esos paladines encumbrados de la honestidad y del decoro, los felicito, les reconozco su audacia y “Les saco su moro aparte”

 



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