SEGUIRE
COMIENDO PLATANOS CON SALAMI
Por
José Alfonso Garcia
Hay hombres de piel morena y sueños fallidos que dicen
amar esta ciudad con todo su corazón. Sin embargo; prefieren vivir inadvertidos
en ciudades vecinas donde no los conocen ni los perros; y no se mudarían a
vivir con su familia a su Lawrence del alma, ni que los maten. ¡Jesús ché!, ¿Yo
vivir en Lawrence? Apresuran su
respuesta cuando algún desprevenido les hace la pregunta del millón.
Otros que también parecen amar a Lawrence profundamente
son aquellos que gritan a los cuatro vientos: ¡Esta es mi ciudad! Pero, aun
viven aquí porque parece que, por el momento, la realidad de su entorno
económico sigue siendo más fuerte, que su sueño inalcanzable de marcharse para
Andover.
Hay muchos, sin embargo, que como usted, como aquel, o como yo,
seguiremos enarbolando por siempre y con orgullo la bandera de nuestro origen
latino en la bella ciudad de los Inmigrantes. Resistiremos con firmeza la
mezquina tentación de negociar la estirpe de nuestras raíces hispanas y aprenderemos
a insertarnos con éxitos en esta sociedad distinta si tener que renunciar a lo
que algunos afirman son nuestras malas costumbres; a veces exageradas por la
mera percepción, la ignorancia o intereses económicos. Podremos convertirnos en
ciudadanos ejemplares y exitosos sin dejar de experimentar la agradable sensación
de comernos nuestros plátanos con salami, hablar en tono muy alto, o celebrar con
unos tragos sin motivos aparentes y al ritmo cadencioso de una bachata. Estos
hábitos, visibles factores de nuestro diario vivir, aunque notables, no parecen
ser razones suficientes para permitir que nos metan a todos en un mismo saco para
considerarnos como vulgares ladrones, mentirosos, asaltantes, drogadictos,
violadores, mafiosos, ilegales y corruptos.
Pues, como decía mi vieja, que Dios siempre guarde en gloria: “A mi, los fósforos” o “La calentura no está en las sábanas” Yo seguiré viviendo en Lawrence y comiéndome mi plátano. ¿Y tú?
Pues, como decía mi vieja, que Dios siempre guarde en gloria: “A mi, los fósforos” o “La calentura no está en las sábanas” Yo seguiré viviendo en Lawrence y comiéndome mi plátano. ¿Y tú?
Para esos
humildes y bondadosos ciudadanos que aman tanto esta ciudad; pero que al mismo
tiempo la detestan, aunque con cierta ternura. A esos gavilanes del desierto;
maestros en las artes de pescar en río revuelto sin mojarse los zapatos. A esos
tiburones callejeros capaces de sumergirse en el fango sin estropearse su ropa;
a esos paladines encumbrados de la honestidad y del decoro, los felicito, les
reconozco su audacia y “Les saco su moro aparte”
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